ESPIGAS

Grandes paños desaliñados engalanan nuestras ciudades. Composiciones con una métrica difícil de leer, en el mejor de los casos, trasponen el que debería ser el paisaje urbano del ojo que mira en alto.

Con un trozo de escenario reducido, explota en alto la idea de este proyecto de arquitectura para local y cuatro viviendas.

La normativa dibuja la planta de las viviendas, es su labor y oficio del arquitecto. La segunda parte comienza cuando, con un ancho de fachada de 4,25 metros, se experimenta una composición en alto hasta los 20,00 metros, deber del artista solucionarla.

Como si se tratase de un palacio italiano del XVI, se establece la altura a la que debería resultar el piano nobile, otorgándole al mismo mayor empaque. Para atar esta planta noble con el resto del palacio, es necesaria la utilización de una banda blanca zigzagueante que le permita al ojo seguir la trayectoria hasta su objetivo, el cielo.

A este sistema solamente le falta el ritmo que proporcionan las lamas cerámicas tubulares. A modo de espigas, permiten al tallo de gran envergadura ritmarlo según la vivienda, potenciando diferentes iluminaciones interiores en los salones y creando a su vez juegos de claroscuro que dilatan el espacio interior a parte de restarle carga solar.

Rompiendo en diversos momentos el tapiz blanco, a modo de diálogo, impiden al ojo construir una imagen monótona, para un edificio que posee una esbeltez de 1/5 en su fachada. Sobre un orden musical marcado por el elemento blanco, resaltan las excepciones a la melodía general, que le confieren el carácter de regla. Efectivamente la música es la arquitectura del sonido, pero también la arquitectura es la música construida.

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